martes, 28 de febrero de 2012

¿Cual es el momento más recomendable para cambiar la sillita del Grupo I a la del Grupo II/III?

Las sillitas del Grupo I, las de toda la vida, que van con arnés y mirando hacia el sentido de la marcha, se pueden utilizar hasta los 18 Kg (estadísticamente casi 5 años, según las tablas de crecimiento infantil de la OMS del 2006).
Cuando se nos queda pequeña debemos pasar a una sillita del Grupo II/III, que ya es la última, y que utilizaremos hasta que el niño pueda llevar directamente el cinturón de adulto (véase el post ¿Hasta cuándo hay que llevar silla de seguridad? en este mismo blog)
La sillita del Grupo II/III, no obstante, puede empezar a utilizarse mucho antes de que se nos quede pequeña la del Grupo I. Concretamente, a partir de que el niño alcance los 15 Kg de peso, que estadísticamente vienen a ser unos 3 años y medio.
Esto nos deja un margen muy amplio para decidir el cambio, y no siempre se hace con los criterios adecuados. A menudo se adelanta el cambio para aprovechar la sillita para el hermano pequeño, o lo hacemos coincidir con el cambio de automóvil.

Criterio numero 1: Nunca antes de los 15 Kg.
Ni que le falte un poco. Una sillita del Grupo II/III está diseñada para ofrecer unos niveles de protección determinados a un ocupante entre los 15 Kg y los 36 Kg de peso. Y pasa unas pruebas de homologación que lo garantizan. El fabricante no está obligado a proteger pesos mayores ni menores que los indicados y la sillita no pasa ninguna prueba que lo verifique. Además de poner en grave riesgo al niño, estaríamos contraviniendo el artículo 117 del Reglamento de General de Circulación,  sancionable con 300,00 € y 3 puntos del Permiso de Conducción. En caso de accidente, la compañía de seguros podría inhibirse y hasta podríamos ser acusados de negligencia.

Criterio número 2: Nunca después de los 18 Kg.
Por el mismo motivo, nadie garantiza la respuesta de la sillita del Grupo I más allá del peso para el que ha estado diseñada y verificada.

Criterio número 3: Siempre antes de sobrepasar el ajuste más alto del arnés.
El niño va sujeto a la sillita del Grupo I con un arnés de 5 puntos, que debe llevar un sistema de regulación de altura en los hombros para adaptarse al crecimiento.
Para retener al ocupante con eficacia, el arnés debe salir en dirección perpendicular al respaldo (fig.1)  o ligeramente descendente hacia los hombros (fig.2). No debe sobrepasar el cuello (fig.3) y en ningún caso subir hacia arriba (fig.4).


Si el hombro del niño se halla a mayor altura que la posición más alta del arnés, es decir, cuando el arnés tiene que subir desde el respaldo hacia el hombro del niño, ha llegado el momento de desecharla y utilizar una del Grupo II/III.
Un arnés que tiene que subir hacia arriba para pasar por el hombro para luego bajar, podría comprimir la columna al tensarse en caso de impacto frontal. No debemos continuar utilizando la sillita hasta este extremo.

Criterio numero 4: aprovechemos la silla del Grupo I hasta el final.
Una silla del Grupo I es más segura que una del Grupo II/III. En la del Grupo I el niño va sujeto a la silla con un arnés de 5 puntos, en la del Grupo II/III el niño no va sujeto a la silla sino al automóvil con un cinturón de solo tres puntos.

Conclusión:
Respetando los límites de peso, cambiaremos de silla justo antes de que el arnés, ajustado a su posición más alta, tenga que subir hacia el hombro del niño.

La encuesta:
La semana pasada publicamos una encuesta para conocer los criterios que recomendarían nuestros seguidores en Facebook. Como bien apuntó nuestra amiga Trini de Piratilla36, la respuesta no era tan sencilla.
Llama la atención que casi las dos terceras partes contestaron “cuando los arneses se queden cortos”, una opción que no figuraba entre las que proponía la encuesta. Los arneses difícilmente se van a quedar cortos, los fabricantes los suministran en longitud sobrada como para sujetar niños de 18 Kg de peso con un volumen de ropa más que razonable.
Pero el debate habrá sido positivo en la medida en que haya generado una reflexión sobre un tema que afecta la seguridad de los más pequeños. Gracias a todos por vuestra participación.

lunes, 20 de febrero de 2012

¿Por qué es más segura la sujección Isofix?

Antecedentes

Los cinturones de seguridad para automóvil fueron diseñados a mediados del siglo pasado para retener a los ocupantes adultos en caso de impacto frontal.

En los años 60 se popularizaron los primeros dispositivos de retención infantil, que a falta de mejor opción, se sujetaban con ayuda de los cinturones de adulto.

En 1994 Volkswagen desarrolló en colaboración con Britax Römer un sistema de fijación rígida para sustituir la sujeción tradicional con cinturones en el lanzamiento del Golf IV. El sistema recibió el nombre de Isofix y representó tal salto cualitativo en seguridad que hoy día es de equipamiento obligatorio en todos los vehículos nuevos que salen al mercado.

La magnitud del impacto

Para comprender la diferencia entre cinturones e Isofix analizaremos lo que ocurre en un impacto frontal a 60Km/h contra una barrera indeformable, que representa el tipo de accidente estadísticamente más habitual en Europa.

Un impacto de este tipo viene a durar unos 90 milisegundos (la mitad de lo que tardamos en parpadear) desde que vamos a 60Km/h hasta que nos detenemos.

Llamamos deceleración a esta reducción de velocidad, y su valor se mide en “g”, siendo 1g  la aceleración que experimenta un cuerpo en caída libre por la gravedad.

Un frenazo de emergencia a esa velocidad, aun con frenos y neumáticos en buen estado, no pasa de 2g, e invierte no menos de 3 segundos para detener el vehículo. Si esa velocidad la reducimos en solo 90 milisegundos, estamos hablando de deceleraciones de 30g.

El efecto de la inercia en el cuerpo humano

Un cuerpo que decelera experimenta una inercia que le empuja con una fuerza resultado  de multiplicar su peso por el valor de la deceleración. Un cinturón de seguridad retiene el cuerpo de un niño  de 15Kg en una frenada de emergencia con una fuerza entre 15 y 30 Kg. En un impacto a 60Km/h con una aceleración de 30g la fuerza sería de 450Kg.

Lo que es peor, cada parte del cuerpo experimenta la inercia en función de su propia masa individual. Esto provoca, por ejemplo, un aumento de presión en la zona frontal de la masa encefálica, que es empujada contra la caja craneal con una fuerza de 30 veces su peso (350 gr en un recién nacido) así como una fuerte depresión en la zona posterior.

La importancia de reducir la deceleración

Hay niveles de deceleración que son incompatibles con la vida. Por esto es muy importante mantener la deceleración lo más baja posible durante el impacto. Físicamente no es posible decelerar menos que el automóvil, porque tendríamos que empezar a decelerar antes del impacto. Pero es vital no empezar más tarde. Como menos tiempo tengamos para decelerar, más alta será la deceleración.

Y aquí es donde juega su papel una conexión rígida como el Isofix. El cinturón presenta un comportamiento elástico cuando se le somete a esfuerzos importantes, pudiendo sufrir una elongación de hasta 15cm en un impacto de estas características. Esto implica que la sillita y su ocupante siguen desplazándose durante un breve pero importante lapso de tiempo adicional, debiendo decelerar en menos tiempo y de modo más acusado. Una conexión rígida en cambio empieza a decelerar en el mismo instante en que lo hace el chasis del vehículo, participando con él del máximo tiempo de deceleración, y manteniendo el valor de deceleración lo más ajustado posible al del propio vehículo.

Ventajas adicionales

El Isofix tiene además otras  ventajas, como una mayor estabilidad ante el impacto lateral, o su facilidad de instalación. Los estudios realizados sobre el uso de sistemas de retención demuestran una diferencia abismal entre el porcentaje de sillas instaladas correctamente con Isofix respecto a las instaladas correctamente con cinturones.